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Menos promesas y más valor

La marca personal es una promesa de valor ¡Qué debe cumplirse!

Una promesa de valor resume en pocas palabras la razón de ser de  una marca. En el caso de la marca aplicada a personas, se trata de definir con un mensaje breve y claro que podemos hacer por los demás y  la ventaja competitiva o aspecto diferencial que lo hace relevante para nuestro público objetivo.

En realidad, la mayor dificultad no estriba en definir esa propuesta sino en tener el valor de cumplirla de modo sistemático y, valga la redundancia, que realmente sea una aportación de valor diferencial.

El verdadero esfuerzo que  debemos hacer está entonces encaminado a, por un lado, ser capaces de entregar la promesa en tiempo y forma, a la vez, que  el valor de esta sea “digno de mención”. Se trata de enfocarnos a la excelencia, de implicarnos hasta tal punto que marquemos esa diferencia irrenunciable.

¿Cómo podemos hacerlo? ¿Cómo podemos aportar valor y valores a nuestra propuesta para que nuestro potencial destinatario no pueda rechazarla? ¿Cómo lograr que  aquel que ya la ha recibido lo cuente y  pase el mensaje?  ¿Podemos hacernos imprescindibles? Algunas pautas en este  sentido son:

  1. Orientarse hacia la mejora continua. No podemos dejar de aprender nunca para mejorar la calidad de nuestro servicio al cliente. La formación, la lectura y estar abiertos a nuevas experiencias son indispensables para que, cada día, seamos más capaces de cubrir las necesidades de nuestro mercado.

 

  1. Talento y valores. Yo defino una marca personal  como una conjunción de talento más valores. Aquello que es importante para nosotros, nuestra forma de hacer las cosas  y de  relacionarnos con los demás marcará la diferencia, y diferenciará nuestra marca. Actuar en coherencia con nuestros valores, todo el tiempo, y sin concesiones, es un acto de valentía  y coherencia que finalmente se verá recompensado. No servirá para que todos nos quieran, servirá para crear el vínculo más poderoso que podemos establecer con aquellos que sí nos quieren: la confianza, quizás y todavía más fuerte, la fe.

 

 

  1. Innovar, arriesgar, dejar una huella definida y clara requiere ciertas dosis de audacia pues no tenemos garantías de lo que va a pasar después. Sin embargo, si no nos atrevemos a dar un paso al frente en medio de la incertidumbre y la duda, difícilmente evolucionaremos y  llegaremos más lejos de  donde estamos hoy.  Además, esta actitud se convierte muchas veces en inspiradora para aquellos que nos siguen. Inspirar a otros es uno de los grandes logros de una marca poderosa, de una marca personal también.

 

  1. “Siempre es un asunto personal”. Si no lo entiendes así, cuando las cosas se pongan “feas”, un cliente te critique, no cumplas las expectativas de los demás … Siempre encontraremos motivos para responsabilizar a otros, a la situación, para desentendernos. Sin embargo, si te has implicado, si has hecho “un trabajo emocional”, si has dado es plus que nadie te ha pedido, si te esforzaste por hacerlo lo mejor que sabías… podrás realizar una justa y serena autocrítica que te permita mejorar la próxima vez.  Buscarás activamente el feedback de los demás para hacerlo mejor cada día.
  2. Crecer como persona. Dedicar tiempo a la meditación, a nuestro crecimiento como seres humanos nos hará mejores profesionales. Como leí hace poco en un libro “En nuestra empresa queremos gente buena, y buena gente”. Lo uno, sin lo otro, deja un vacío  que  no nos permitirá cumplir con esa promesa de una forma inolvidable.

Transforma cada día  tu promesa de valor, en el valor de comprometerte con su cumplimiento poniendo en el centro tus valores.

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