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Marca Personal en la ciencia: ¡esas huellas silenciosas!

He decidido escribir un artículo “de ciencias” aunque yo siempre me he considerado de “letras”, a  raíz de   conocer, a través de  un programa televisivo, y posterior entrevista en el dominical de un periódico de tirada nacional al científico Rafael Yuste.

Y lo he hecho, porque tal y como muy bien declaraba la escritora y periodista Rosa Montero en un artículo quizá no seamos un país muy de ciencias, y creo que, como me ha pasado a mí, cuando pones “rostro” y conoces, de viva voz, lo que se esconde en los laboratorios y centros de investigación la curiosidad y el interés se despiertan,  especialmente cuando escuchas a  personas que dedican su vida, de forma injustamente silenciosa, a conocer y desvelar los misterios del mundo y ponerlos al servicio del progreso de la humanidad.

Rosa Montero, lo expresaba con esta contundencia en el citado artículo:

“…No se puede decir que España sea un país con vocación científica. Somos ricos en artistas plásticos y escritores, en artes temperamentales e imaginativas. Pero lo de cultivar rigurosamente el intelecto no se nos da bien: pensadores pocos, y científicos poquísimos. Y a los que hay, cantazo en la cabeza y al extranjero. En 2012 la fundación BBVA publicó un estudio sobre el conocimiento científico que comparaba a 11 países, 10 europeos, entre ellos España, y Estados Unidos. Quedamos los últimos, por supuesto. Un bochornoso 46% de los españoles no supieron nombrar a un solo científico. Vamos, es que no atinaron ni con Einstein. Nuestra sociedad arrastra un miedo cerril a la ciencia que es producto de la ignorancia. De hecho, durante años los intelectuales españoles han hecho gala de su acientifismo, como si fuera un orgullo no tener ni idea de lo que es la entropía. ¡Pero si hasta Unamuno soltó esa frase lamentable del “que inventen ellos”!..”

Hablemos entonces de Marcas Personales en la Ciencia

Rafael Yuste es un neurobiólogo español e ideólogo del proyecto BRAIN, la iniciativa de la Administración de Obama para mapear el cerebro humano. Rafael vive en Nueva York desde los años ochenta y,  desde la Universidad de Columbia,  lleva a cabo este impresionante proyecto. El propio Rafael, ha reconocido en varias entrevistas, que aún estamos en “pañales” en el conocimiento del funcionamiento del órgano más importante y desarrollado en nuestro mundo conocido; el cerebro humano. Sin embargo, las investigaciones son prometedoras y, en el medio plazo, permitirá  conocer mejor  muchas enfermedades neurodegenerativas y desarrollar  tecnología para mejorar nuestras capacidades cognitivas, por poner solo algunos ejemplos.

Otro ejemplo de Marca Personal en la ciencia de nuestro país es Margarita Salas, bioquímica española. Licenciada en Ciencias Químicas por la Universidad Complutense de Madrid, fue discípula de Severo Ochoa, con quien trabajó en los Estados Unidos. En la actualidad es profesora vinculada “ad honorem” del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), y desarrolla su trabajo en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa de Madrid (CSIC-UAM). 

Estos son apenas dos casos que han conseguido traspasar los muros de las universidades, los centros de investigación y las revistas de divulgación científica, para pasar a ser más conocidos por el gran público. De ambos pueden obtener muchas  más información en la red social “Wikipedia”.

 

Desde la perspectiva de la Marca Personal, creo que cuando ponemos “rostro” a la ciencia y conocemos su “storytelling” de una manera cercana y apasionante, el interés se despierta y  consigue llegar a un público mucho más amplio. Con suerte, consiguen que prestemos atención a  algo tan vital como la ciencia  y de la que como decía Rosa Montero, nos sentimos tan ajenos.

 

Creo que los medios de comunicación y las redes sociales son entornos  en los que la ciencia puede encontrar un altavoz para estar más presente en la vida de las personas, lograr  más apoyo por parte de las instituciones, inversores y empresas privadas, además de  más vocación, entre estudiantes, por la investigación.

Quizá en este mundo de la inmediatez y lo efímero, la ciencia que necesita años para provocar resultados tangibles y aplicables nos pueda resultar poco atractiva. Sin embargo, sus huellas son profundas y significativas para nuestro progreso y bienestar.

Por eso, considero que es a través de la personas, de los rostros, de las historias contadas por aquellos que lideran este tipo de proyectos, es como la ciencia puede empezar a ser una MARCA distintiva y de valor. Ellos y ellas, los científicos y científicas, también han de contarnos lo que hacen, hacernos partícipes de sus objetivos, de sus logros y de sus sueños. Que su huella personal forme parte de nuestra mente y nuestro corazón.

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