manos pintadas

Los 5 + 1 “sentidos” de la marca personal

 

 

Vista: Dar nuestra mejor imagen

Oído: Escuchar  y  narrar con significado

Olfato: El aroma que desprende nuestra marca

Gusto: Dejar “buen sabor de boca”

Tacto: La delicadeza de “saber y querer estar”

El sentido NO COMÚN: Lo diferente, original, único, singular que hay en nosotros

Si consideramos el concepto de marca en su sentido más amplio,  la podemos definir cómo la experiencia que tiene cualquier persona que entra en contacto o interacciona con cualquiera de los elementos tangibles o intangibles  que conforman una empresa que ofrece productos o servicios al mercado (Desde  la atención que recibe de los empleados por cualquier medio, la usabilidad del producto, el espacio físico donde se compra o consume el producto,  los mensajes publicitarios…). Es lo que los expertos en branding  denominan “experiencia de marca”. Las experiencias, por tanto, se perciben y  vivencian a través de  todos nuestros sentidos haciendo tangible y “real”  ese concepto abstracto al que llamamos marca.

En el caso de una marca personal, dentro de un modelo YO, SL, ocurre exactamente igual.  La huella que dejamos en los demás y  lo que los demás piensan y sienten sobre nosotros, es una experiencia, que involucra a todos los sentidos dando lugar a una valoración única y distintiva sobre nuestra identidad y valor personal y profesional.

Algunas  claves en torno a cómo  podemos generar una buena experiencia de marca atendiendo a cada uno de los sentidos es la siguiente.

LA VISTA. Es innegable el poder de la imagen. En muchas ocasiones, se convierte en nuestra primera carta de presentación frente a los demás. En el entorno profesional, además, la imagen nos “posiciona” rápidamente en un tipo o sector de actividad y en un estatus laboral.

Más allá de eso, soy  defensora del concepto de IMAGEN SALUDABLE  desarrollado por la experta en imagen personal María A. Sanchez, el  cual está basado en principios científicos como la proporción aurea, los códigos visuales de la apariencia  y el cuidado de la salud. Como bien dice María “Respira y sonríe”. No hay mejor receta para la belleza. Recomiendo encarecidamente la lectura de su libro “NO IMAGEN: Marca personal, salud y belleza científica”. Fuera glamour, elegancia… y otros conceptos afines. Demos la bienvenida a la  belleza saludable y sostenible.

EL OIDO. Como muy bien explica el experto en comunicación interna, Manuel Tessi, “las palabras con corazón son más fáciles de asimilar”.  La huella “auditiva” que dejamos en los demás tiene que ver con el valor   y la pertinencia de los mensajes que emitimos, el conocimiento que poseemos de nuestra área de especialización,  con la conversación que generamos y, en definitiva, con el impacto emocional  que nuestras palabras generan en los demás.  La clave  esencial para comunicar  realmente comienza con la ESCUCHA.  A diferencia de oir, escuchar es un acto voluntario y consciente. Requiere de nuestra voluntad de prestar atención a los mensajes de los demás. Tras una buena escucha de las necesidades y deseos de nuestro interlocutor, será mucho más fácil que se produzca ese “narrar con significado” que es empatizar y centrarse en lo que nos demanda el cliente, adaptar nuestro lenguaje verbal (también el no verbal) a su forma de expresarse y hacer las preguntas apropiadas. Las habilidades de comunicación, como la oratoria, se aprenden, por lo que nuestras marca en este “sentido” será más profunda en la medida en la que nos ocupemos de desarrollarlas y mejorarlas  a través de formación  y entrenamiento.

OLFATO. Son clásicas las frases de “tiene olfato para los negocios” o “esto me huele mal”… De manera metafórica hacemos referencia a un intangible  que tiene que ver con la intuición o con el ambiente que se respira durante la experiencia de marca. En el primer caso, la capacidad de “intuir al otro”, captar los mensajes “entre líneas”, ver más allá… está muy relacionado con el estar atentos y centrados en el presente.

Respecto a la marca-aroma que dejamos en los demás, yo lo asocio con el  clima que generamos a nuestro alrededor y que provoca que se “respire” un ambiente agradable (relajación, armonía, alegría), claro y transparente o, por el contrario, que “huela a chamusquina” (ocultamiento, falta de coherencia, nerviosismo, prisas…). En este sentido, debemos trabajar en nuestra actitud hacia nosotros mismos y hacia los demás;  y también nuestros valores. De ambos depende que nuestra marca deje una fragancia inolvidable.

GUSTO. Las marcas nos gustan o no. El gusto es una cuestión de estética pero también de ética. Nuestra marca dejara un buen sabor de boca fundamentalmente  si cuidamos los detalles, esos precisamente, que marcan la diferencia. Prestar atención al diseño, a la forma en que entregamos nuestro producto/ servicio,  a las cosas que más valora nuestro cliente (una llamada cortés, recordar cumpleaños, interesarnos por un asunto personal del cliente)… todas ellas son formas de buen gusto que sin duda pueden deleitar los paladares más exigentes.

TACTO. Creo que si hay un sentido que  hoy en día debemos recuperar es precisamente éste. En un doble sentido. El tacto que yo asocio a la DELICADEZA en las formas de tratar a los demás. Dar las gracias, pedir permiso, mirar a los ojos,  escuchar, dedicar tiempo, elogiar, criticar de manera constructiva… nos permitirá dejar una huella táctil amable, es decir, digna de ser amada.

El contacto, tan perdido por la mediación de la tecnología en la comunicación con los demás, hace que este sea cada vez más frío e impersonal. Volver a contactar, desde la cercanía, nos permitirá dejar una huella más profunda. Menos wasap y más “de viva voz”,  conversar, pasear….Estar junto al cliente física y emocionalmente  produce la más gratificante y completa experiencia de marca porque engloba además a todos los demás sentidos.

Y FINALMENTE EL “NO” SENTIDO COMÚN. La esencia de una marca es su capacidad de ser DIFERENTE. En marca personal, exactamente igual.  Si el cliente no percibe que nosotros hacemos algo distinto a otros competidores, ¿Por qué nos elegirá a nosotros? Posiblemente solo lo hará si se lo regalamos o se lo damos más barato. Una marca poderosa consigue todo lo contrario: que la elijas y la prefieras a pesar de que vas a pagar más por ella. Eso solo ocurre en la medida en la que ofrecemos algo “distinto”.

Para diferenciar nuestra marca, primero hemos de conocernos muy bien,  identificar nuestras fortalezas y trabajar por elevaras hasta niveles de excelencia que nos permitan sobresalir con un valor diferencial.

Para diferenciarnos también hemos de estar dispuestos a  arriesgarnos,  superar el miedo al error y tal vez al ridículo, probar formas diferentes de hacer las cosas, fomentar nuestra capacidad creativa, dejarnos llevar por nuestra intuición e improvisar, cambiar el guión, volver a jugar, divertirse…

Un proceso de branding personal debe considerar todos los sentidos enumerados e integrarlos en la estrategia  para que finalmente la experiencia con nuestra marca sea auténtica e inolvidable.

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