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La marca personal en un mundo sin trabajo

La semana pasada, entre los días 20 y 23 de Enero tuvo lugar el World Economic Forum en Davos. En él se presentó el informe “The future of Jobs” con las tendencias a nivel global en materia de empleo para los próximos años. Como ya es sabido, estamos asistiendo a una nueva  revolución tecnológica (la cuarta revolución industrial según el Foro), que como ya ocurriera con las anteriores revoluciones industriales, transforma el panorama laboral de forma drástica. Los cambios que son perceptibles en esta materia siguen su camino inexorable, acompañados de la automatización y las nuevas tecnologías, hacia un mundo cada vez con “menos trabajo” y con aumentos exponenciales en la  productividad.

Según este informe, tal como cita el periodista, José Cervera, en el Diario.es “hasta el año 2020 la robotización de nuevos sectores de la economía desplazará más de 7 millones de empleos en las 17 economías más importantes del mundo” y además “A cambio se crearán, apenas, 2 millones de nuevos trabajos”.

En líneas generales, lo que   está ocurriendo y ocurrirá es que las máquinas seguirán sustituyendo la mano del hombre ( y su “cerebro”) cada vez en más tareas, lo que conlleva  su sustitución pues una máquina es muchas veces más precisa, más rápida y ofrece un resultado que produce incrementos importantes en productividad, reduciendo accidentes y sin bajas por enfermedad… Este proceso de automatización se expande a un gran número de actividades, llegando más allá de aquellas que suponen esfuerzo físico, manipulación de objetos o habilidades manuales (industria manufacturera). También las llamadas profesiones de “cuello blanco” ven como,  gracias a la tecnología, muchas actividades que antes  requerían un esfuerzo mental son realizadas ahora por potentes ordenadores, de una manera mucho más rápida y precisa. La tecnología no retrocede, por tanto esta evolución es imparable.

Así pues, como sociedad nos enfrentamos  a un gran reto en torno a esta cuestión. Sin entrar en el debate a gran escala sobre cómo se cimentará una nueva economía en la que muchas personas tendrán un difícil acceso al trabajo (y por tanto no podrán consumir a menos que se les garantice una renta básica), el aumento de la productividad  y la globalización que abarata costes de producción y comercialización  mientras que otros profesionales  con alta cualificación serán los “creadores” de esa transformación del mundo  y cobrarán elevados salarios por ello.

De otro lado, y a una escala menor, hemos de considerar también los cambios que la tecnología de la información y la comunicación está provocando en nuestra forma de trabajar. Fenómenos como el teletrabajo, la difusión de la información  a través de medios con un coste que tiende a cero, nos ha hecho pasar de una etapa marcada por la necesidad de capital para crear empresas a una en la que el talento se erige como la piedra angular de un proyecto empresarial. Decía Seth Godin “Hoy puedes montar una empresa con un ordenador conectado a  internet, una buena idea, y no más de 3000 dólares. Hoy la “fábrica” está en tu cabeza, en  tu capacidad para producir una buena idea”. Hemos pasado del Capitalismo al Talentismo.

Por tanto, hoy en día, un profesional ya no depende tanto de la infraestructura que una empresa puede proporcionarle para desarrollar su trabajo. En la era del conocimiento (y del talento)  no son necesarias las oficinas, las grandes inversiones… casi todo lo que necesitas  lo llevas “puesto” y, además es un intangible. Por tanto, puedes y cada vez será más común, trabajar “como una empresa”, como un proveedor de servicios que se alía a un proyecto empresarial porque de esa unión ambos salen fortalecidos, y una vez que el  proyecto en el que se participa termina o ya no resulta interesante el profesional buscará otro.

Así pues, es necesario que cada uno de nosotros diseñe su propia carrera profesional, como CEOs de nuestra propia empresa. Y como directores de nuestra YO, SL debemos ser capaces de desarrollar:

  • Inteligencia ejecutiva: Ser capaz de convertir un conocimiento especializado en un área o sector en ACCIONES QUE GENERAN VALOR porque aportan soluciones a problemas reales y actuales. En este sentido, ya no podemos dejar de aprender y reciclarnos continuamente en actividades menos susceptibles de ser automatizadas.
  • Inteligencia emocional: Quizá sea esta la competencia que más nos aleja de las máquinas. La capacidad de autogestionar nuestras emociones en nuestro beneficio y conectar con los demás generando una corriente afectiva que hasta hoy ningún robot puede provocar. Desarrollar habilidades relacionadas con la inteligencia emocional (automotivación, autoconsciencia, autorregulación, habilidades interpersonales, comunicación, empatía…) es esencial para “marcar la diferencia” que más díficilmente puede ser imitada,  y resolver los problemas  y retos que el mundo laboral  de hoy nos plantea.
  • Inteligencia emprendedora. El desarrollo de un proyecto profesional nos compete a cada uno de nosotros. Es una  responsabilidad cada vez más personal y menos dependiente de agentes externos. Por tanto,  tomar la iniciativa, desarrollar la creatividad e implicarnos en nuestro  proyecto es vital,  como muy bien nos recuerda Marta Grañó, experta en  Iniciativa Emprendedora. Una habilidad que como defiende esta autora debe desarrollarse desde las escuelas.

Los profesionales con marca, altamente cualificados y con las competencias técnicas permanentemente actualizadas, con capacidad para aportar valor porque convierten ese conocimiento en acciones de valor, que  aportan humanidad y   gestionan emociones propias y ajenas, y se comprometen con la única empresa que tienen para toda la vida, su YO, SL, serán los protagonistas  de este nuevo mundo “sin  trabajo”.

Ahora si quiere saber las profesiones más demandadas este año y probablemente en los próximos años te dejo el siguiente enlace:

http://www.fororecursoshumanos.com/cuales-seran-profesiones-mas-demandadas-2016/

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