Hay algo peor que ser rechazado… ¡Es ser ignorado! El e-mail de Miriam

A menudo lo que no hacemos

Deja una huella más profunda

Se llama ¡Vconfianza2acío!

  Hoy voy a contar una historia real, vivida en primera persona, y que como decía Steve Jobs con la perspectiva del tiempo me ha permitido “unir los puntos” y saber porqué hoy he llegado hasta aquí y poder entender la enorme responsabilidad que conlleva trabajar con personas.

 Detrás de grandes palabras y conceptos como marca personal, employer branding, engagement, orientación al cliente… debe haber  “principios éticos para  relacionarse con las personas” y si no los hay o no se ponen en práctica todo el tiempo  se quedan en  palabras huecas, meras intenciones  pero no  en acciones que reafirman y llenan de verdadero contenido  eso que decimos.

Todo esto me lo enseñó Miriam hace más de 12 años y hoy sigue marcando la forma en  que considero que tenemos que esforzarnos por  hacer las cosas.

En el año 2002 yo trabajaba como técnico de selección en una ETT. Además de  atender las demandas de personal “inmediato” que nos solicitaban las empresas, llevaba a cabo algunos procesos de selección para cubrir puestos de mayor responsabilidad. En unos de ellos, tuve una candidata llamada Miriam. Ella optaba a un puesto de administrativa de personal para el departamento de RRHH de una empresa de logística. Miriam llegó a hacer la entrevista con nuestro cliente pero no resultó seleccionada. Hasta aquí todo normal…  Pasado mes y medio aproximadamente recibí un correo electrónico  de ella que venía a decir algo como…

Supongo que después de un mes sin recibir respuesta por parte de su empresa no habré sido seleccionada para el puesto… Hubiera esperado de una empresa como la suya que me hubieran informado… hay algo peor que ser rechazado en un proceso de selección, es ser ignorado..

Esa es la frase que se me quedó grabada aquel día y no he podido olvidar. Obviamente me sentí fatal aquel día y, mi primera reacción fue buscar la excusa de que estábamos desbordados de trabajo, que hacía falta más gente en la empresa, que yo me quedaba siempre más horas… Todo eso, en realidad, no importaba, a ella no le importaba. Así pues, al día siguiente la llamé por teléfono  pidiéndole disculpas y ofreciéndole  mi disponibilidad para tenerla presente en otros procesos. Miriam me  contestó algo así como “prefiero que des de baja todos mis datos de tu empresa, no deseo seguir en contacto con vosotros”.

El verdadero aprendizaje llegó varios años después. Yo ya no trabajada en la ETT y después de tener a mi segundo hijo quería volver al mercado laboral. Mientras decidía si emprendía un proyecto propio, contesté a varias ofertas de empleo. Tuve suerte. Me llamaron enseguida de una empresa  para  un puesto de responsable de recursos humanos. El día de la entrevista, ahora era yo la candidata, la primera pregunta que me hizo  la entrevistadora fue ¿No te acuerdas de mí? No la recordaba. Pero ella había visto mi CV y donde había trabajado… “Soy Miriam… participé hace unos años en un proceso de selección contigo…” La recordé entonces. Lo siguiente que me dijo fue “Nunca te hubiera llamado si tú no me hubieras llamado”.  El resto de la entrevista transcurrió de una forma   bastante distendida y  cordial. No me dieron el puesto. Miriam me llamó personalmente para comunicármelo y agradecerme mi participación en el proceso.

Esta historia es una gran lección  de la que aprender mucho:

  • Las personas que trabajan en las empresas representan siempre a la marca, sus valores y su forma de hacer las cosas. Miriam me dirigió el correo a mí pero aquello afectó a la imagen que se llevó de la empresa en su conjunto. Si  las marcas personales (sus valores, su trato al cliente) y la empresa no están alineadas,  una  y otra se perjudican mutuamente. La marca  la hacen todos y cada uno de los profesionales que la integran. La ley Krulac vas más allá “Cuanto más cerca estás del frente (de los clientes) más poder tienes sobre la marca”.

  • Cuando decimos que una marca (corporativa, personal) representa una promesa de valor, acto seguido, tenemos la responsabilidad de cumplir con esa promesa, una y otra vez. Si tienes el valor para decirlo, tienes que tener el valor de hacerlo. El verbo de una marca es “cumplir”.

  • Somos humanos, nos equivocamos, así pues si hemos cometido errores debemos reconocerlos y actuar en consecuencia. Miriam lo tuvo en cuenta “Si no me hubieses llamado, nunca te habría llamado para la entrevista”. Hay segundas oportunidades si actuamos con humildad y responsabilidad.

  • Detrás de un candidato, un vendedor, un proveedor, un ex candidato, un colaborador, un ex empleado siempre hay una persona. La máxima debería ser siempre “trátalo como te gustaría que te trataran a ti si estuvieras en su lugar”. La empatía, de la que tanto se habla, hay que entrenarla y ejercitarla, cueste lo que cueste, en todas las interacciones que tenemos  con los demás.

  • Por tanto, hablamos siempre de relaciones humanas más allá del contexto donde se producen. Entre otras cosas, porque como  queda claro en mi historia, este contexto puede dar  una vuelta de 360º  y hoy en un entorno profesional como el nuestro más que nunca.

Acabo este post, con este retruécano, con el que finalizo siempre mis charlas:

 

“SI QUIERES QUE TU MARCA SEA IMPORTANTE PARA LAS PERSONAS

LAS PERSONAS DEBEN SER IMPORTANTES PARA TU MARCA”

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