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“Funcionar” con marca: El branding personal para empleados públicos

 

Funcionario/a: Según la primera acepción del DRAE se trata en algunos países, de la  persona que ocupa, en calidad de titular, un cargo o empleo en la Administración Pública.

El próximo día 16 de Julio impartiré en Madrid un taller de marca personal dirigido a este colectivo. He de decir que la petición de realizar esta acción formativa me sorprendió gratamente. Al mismo tiempo me llenó de cierta inquietud y me hizo plantearme la cuestión de si no estaba ante un oxímoron: funcionarios y marca personal.

Tradicionalmente la figura del funcionario se nos antoja como un empleado casi anónimo que cumple las funciones asignadas dentro de una estructura totalmente jerarquizada y con poco margen  de maniobra interna, y mucho menos, de cara al exterior. Así pues, que la marca personal forme parte de un programa formativo dirigido a este colectivo me hace pensar que “las cosas están cambiando” y , en mi opinión, para bien.

Del mismo modo que defiendo que los empleados y colaboradores de una empresa deben ocuparse de su propia marca y así retroalimentar la marca corporativa, sumando su propio valor y prestigio profesional al de la firma corporativa, también los funcionarios como integrantes de  una “empresa pública” pueden hacer lo propio hacia la Administración en la que prestan sus servicios como también  hacia la comunidad que se beneficia de los mismos. Se trata esencialmente de un proceso muy similar. En ambos casos, estos profesionales alineando su marca personal a la corporativa, se convierten en los mejores embajadores de marca de sus organizaciones  y refuerzan el prestigio de que éstas puedan gozar.

Sin lugar a dudas, las personas son en este nuevo momento  de la Historia, las auténticas protagonistas de los nuevos entornos profesionales. Las Administraciones Públicas han de sumarse también a esta transformación que supone poner a las personas en el centro y  otorgarles el derecho a la visibilidad relevante, en aras de dejar atrás modelos opacos y avanzar hacia la transparencia en una gestión no pocas veces cuestionada. Si las personas que las integran logran trasladar y generar confianza en la ciudadanía, este proceso será más rápido y tendrá mayores garantías de éxito.

Por tanto, considero que aplicar el branding personal a los profesionales que impulsan estas organizaciones e instituciones cuenta, al menos, con los siguientes beneficios:

  • Profesionales que contribuyen a su puesto desde una posición de “proveedores de servicios” a nivel interno y externo.
  • Fomento de la actitud intraemprendedora de quien entiende que ese “trabajo para toda la vida” es un proyecto profesional propio. La Administración pone los medios para que el proyecto pueda ser ejecutado. Se convierte en el cliente principal del funcionario cuyo “producto o servicio” trasciende y tiene efecto en una parte de la ciudadanía.
  • El funcionario tiene nombre y apellidos y como tal genera una visibilidad relevante propia  y actúa también  en nombre de la Administración a la que pertenece en distintos espacios físicos y virtuales: conferencias, presencia institucional,  artículos, blogs y webs propias  e institucionales…
  • El funcionario interactúa con su público objetivo de persona a persona. Genera entonces confianza y mayor cercanía a la ciudadanía, algo cada vez más demandada por ésta.
  • El funcionario no es uno más de los empleados de la Administración, es un profesional conocido y reconocido por parte de su comunidad.

Sirva como ejemplo el ya mundialmente conocido caso del Ayuntamiento de Jun en Granada: http://www.ayuntamientojun.org/ donde todos sus funcionarios son activos en redes sociales y gozan de personalidad propia y reconocimiento por parte de los ciudadanos acercando a éstos la principal institución que los representa.

“Funcionar”  con marca personal es un apasionante reto.

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