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Fluidez, trabajo y Marca Personal

“Una experiencia  óptima es algo que hacemos que suceda” Mihaly Csikscentmihaly

 

¿Cuál es la relación entre esto tres conceptos? Empezaremos hablando del primero de ellos para entender después la estrecha e importante relación que existe entre la experiencia de  fluidez  y los otros dos conceptos.

El  concepto de flujo está en relación directa con  el desarrollo  de nuestros talentos y determina en gran medida el nivel de satisfacción que podemos lograr con nuestro trabajo  y la felicidad personal.

El término “flujo” (flow) fue acuñado  por el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi en el año 1990, para hacer referencia al estado en el cual las personas se hallan tan involucradas en la actividad que nada parece  importarles; la experiencia por sí misma es tan placentera que las personas la realizarán incluso aunque tenga un gran coste, por el puro motivo de hacerlas.

Se trata de alguna manera de sentir que tenemos el control de nuestras acciones y somos dueños de nuestro destino.

El autor habla también de “experiencia óptima” para definir aquellos momentos en los que el cuerpo  y/o la mente de una persona han llegado hasta su límite en un esfuerzo voluntario para conseguir algo difícil y que valiera la pena. Una experiencia óptima es algo que hacemos  que suceda.  El elemento clave de una experiencia óptima es que tiene un fin en sí misma, es decir, que el propio hecho de hacerlo es en sí la recompensa. A esto se le denomina experiencia autotélica  (automotivación o motivación intrínseca)

 

¿Se pueden tener experiencias  óptimas o flujo en el trabajo? Posiblemente no todo el tiempo  pero es mucho más probable que esto ocurra si somos capaces de experimentar “disfrute” con la mayor parte de las actividades que realizamos. Esto tiene mucho que ver con las elecciones conscientes (voluntarias) que realizamos a la hora de elegir nuestro camino profesional.

Según los estudios realizados por el autor  la capacidad de experimentar disfrute está compuesta de ocho componentes:

 1. Enfrentarnos a una actividad desafiante que requiere habilidades. En este sentido, se trata de realizar actividades que van dirigidas hacia una meta y están reguladas por una serie de normas. Además nuestro nivel de habilidades están en relación con  la posibilidad de alcanzar la meta. El disfrute aparece cuando los desafíos están en justo equilibrio con la capacidad de la persona para actuar.

2. Combinar acción y conciencia. Cuando todas las actividades de una persona se necesitan para enfrentarse a los desafíos de una situación, su atención está completamente absorbida por la actividad, es decir, toda la atención está concentrada en los estímulos pertinentes.

En estos casos cuando se produce uno de los aspectos universales de la experiencia óptima: la actividad llega a ser algo espontáneo, casi automático dejando de ser conscientes de nosotros mismos como seres separados de las acciones que estamos realizando. (“Eres lo que estás haciendo”).

 3. Metas claras y  4. Retroalimentación. Se trata de nuestra capacidad y disposición para fijarnos metas, así como reconocer y medir su retroalimentación (resultados) en tales actividades. Lo que proporciona valor a la información o retroalimentación del entorno es poder reconocer si hemos tenido éxito o no en el logro de nuestras metas. Tal conocimiento crea orden y fortalece la estructura de la personalidad.

5. La concentración sobre la tarea actual. Las actividades agradables requieren de un enfoque total de la atención sobre la tarea presente, dejando sin espacio alguno en la mente para informaciones que no sean relevantes.  La concentración producida por la experiencia de flujo – junto con la clarificación de las metas y la retroalimentación inmediata- pone orden en la conciencia e induce la agradable condición de negentropía psíquica (orden en la conciencia).

 6. La paradoja del control.  La experiencia de flujo lleva unido siempre una sensación de control (sea esta real o no) sobre todo en situaciones difíciles. No es posible experimentar un sentimiento de control a menos que uno esté dispuesto a abandonar  la seguridad de sus rutinas protectoras. Únicamente cuando está en juego un resultado dudoso, y cuando uno es capaz de influir en ese resultado, la persona podrá saber si realmente tiene o no el control.

7.La pérdida de autoconciencia. Se trata de una pérdida de conciencia de  la personalidad.  Lo que se haya por debajo del umbral de conciencia es el concepto de personalidad, la información que usamos para representarnos a nosotros mismos quiénes somos. Y ser capaces de olvidarnos temporalmente de quiénes somos parece ser muy agradable. Cuando no estamos preocupados por nuestras personalidades, realmente tenemos  la oportunidad de expandir el concepto de quiénes somos (puede llevarnos a la transcendencia). Además, tras cada experiencia de flujo, al mejorar nuestras habilidades, mejora también nuestro autoconcepto (las ideas, valoración  y creencias acerca de nosotros mismos).

8. La transformación del tiempo. La mayoría de las actividades de flujo no dependen del tiempo de los relojes. Nos llevan a experimentar esa sensación de “se me pasa el tiempo volando” pues estamos completamente involucrados en la tarea.

¿Es importante para desarrollar un trabajo destacable y valioso experimentar el flujo?, ¿Podemos organizar el trabajo de alguna manera que contribuya a qué sea más fácil experimentar este tipo de estado que favorece el crecimiento  y fortalecimiento de nuestra personalidad?, ¿Qué tiene que ver todo esto con la marca personal?

En efecto, si trabajamos en algo relacionado con nuestros talentos (recuerda, capacidad + pasión) resultará mucho más fácil experimentar flujo y , por consiguiente,  disfrutar de nuestro trabajo a la vez que nuestras habilidades  y destrezas aumentan logrando uno de los pilares de la marca, a saber, DESTACAR por la realización de un trabajo excelente.

Como muy bien explica Csikszentmihalyi, para mejorar la calidad de vida mediante el trabajo son necesarias dos estrategias complementarias: por un lado, los trabajos deberían ser rediseñados para que pareciesen tan aproximadamente como fuera posible a las actividades de flujo (metas claras, objetivos  retadores pero compensados con las habilidades de las personas, retroalimentación continua sobre el desempeño y los resultados, facilitar la concentración en las tareas, responsabilidad y control sobre  las actividades…) . Pero también es necesario ayudar a las personas a desarrollar personalidades autotélicas (motivación intrínseca, control interno de la experiencia) ayudándoles a reconocer las oportunidades para la acción, a mejorar sus habilidades y a fijarse metas alcanzables. Es la combinación de estas estrategias la que debería contribuir enormemente a la experiencia óptima.

Finalmente, es importante advertir que tras una experiencia de flujo la organización de la personalidad es más compleja y rica de lo que había sido antes. Por tanto, la personalidad crece, a través de dos procesos psicológicos: diferenciación e  integración

Otro de los pilares en los que se asienta la marca personal es la diferenciación (nuestra capacidad de aportar algo genuino, de valor y diferente  a otras personas). Pues bien, como afirma el autor, después de diferentes experiencias de flujo la personalidad se vuelve más diferenciada, porque al superar un desafío la persona se  siente, inevitablemente  más capaz, más experta.  Después de cada episodio de flujo la persona se va convirtiendo en un individuo único, menos predecible, poseedor de habilidades poco comunes.

Finalmente todo queda integrado, pues en  los estados de profunda concentración la conciencia está extraordinariamente bien ordenada. Los pensamientos, las intenciones, los sentimientos y todos los sentidos se enfocan hacia la misma meta. La experiencia está en armonía.

 

 

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