trabajo con amor

El AMOR COMO MARCA: el denominador común que CREA la diferencia

Para el que ama

Mil objeciones no llegan a conformar una duda,

Para el que no ama

Mil pruebas no llegan a constituir una certeza

 

En marca personal siempre hablamos de encontrar ese valor diferencial que nos haga sobresalir o “desmarcarnos” del resto. En definitiva, aquello por lo que nuestros clientes nos eligen a nosotros y renuncian a otros que ofrecen un producto o servicio similar. Ese toque personal, ese conocimiento específico, esa habilidad relevante, una experiencia valiosa, unos valores  congruentes y coherentes con los de nuestros clientes, una conjunción de todo ello  y  ese  “no sé qué” que genera vínculo, lealtad y absoluta preferencia a pesar seguramente de “no ser objetivamente  los mejores”.

Observando  a mis clientes, a mis colaboradores,  colegas y otros muchos profesionales de diferentes sectores o áreas, he encontrado que el auténtico  valor diferencial siempre está relacionado con el amor. Con el amor que sienten por lo que hacen. El amor va más a allá de la pasión, porque a diferencia de ésta que es  más efímera, más  arrasadora pero más superficial, el amor es compromiso y entrega.  Sin esas dos cualidades es absolutamente imposible realizar un trabajo excelente y diferenciador. Va más allá de sentir  ganas (pasión),  es, sobre todo, poner esfuerzo, disciplina,  tesón y perseverancia. El amor es irrenunciable y es vinculante. Por eso, una vez diluida la pasión inicial de empezar un nuevo proyecto profesional, nos permite mantener la persistencia en lograr objetivos, superar obstáculos,  dedicarnos al desarrollo de la calidad frente a la cantidad, no buscar  ser  más, buscar ser  mejor.

Las personas que ofrecen amor a través de lo que hacen; cumpliendo lo prometido, escuchando a los demás, esforzándose por entregar un servicio de calidad, sorteando los días malos  con sentido del humor, siendo coherentes con sus valores… Sin duda y siempre acaban “creando una diferencia” que es difícilmente sustituible. Y lo más maravilloso, es que cada uno de nosotros tiene una forma diferente de expresar ese amor,  y es, a través de esa expresión genuina como nos diferenciamos y aportamos un valor intangible al que es difícil poner un precio.  Ya lo decía Steve Jobs en su famoso discurso a estudiantes de Standford  “Encontrad lo que amáis o seguid buscando” y digo yo “Ama ya lo que haces  y acabarás encontrando”  porque podrás  transformarlo en algo por lo que valga la pena y, sobre todo la alegría, luchar.

Conozco a un gran y reputado  profesional  de los recursos humanos cuyo servicio  lo denomina “consultoría con corazón”. Él me explicó en una cena que lo  llama de este modo  porque  así los que no se sienten identificados con esa expresión sencillamente no son sus clientes. Si no crees que es importante poner el corazón en los negocios, en tu empresa y en el trato que tienes con tus empleados y  clientes, el trabajo de consultoría, la estrategia o cualquier otra acción técnica no va a dar resultados. Me encantó esta reflexión.

Considero que debemos optar por agregar dosis extras de amor por lo que hacemos, aún en eso momentos difíciles,  donde no obtenemos el resultado que queremos, el cliente no está satisfecho o consideramos que no somos tratados con justicia… La diferencia está justo AHÍ. Al final el amor lo resolverá todo.

 

 

 

 

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