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Economía colaborativa: ¡La marca más personal que nunca!

 

Llevamos varios años asistiendo a un cambio vertiginoso en el entorno laboral, que se ha hecho más evidente que nunca tras la crisis, cuando aún algunos seguían albergando la esperanza de que todo volviera a ser como antes. La realidad es bien distinta, impulsada por fuerzas que parecen imparables, a saber; cambios demográficos, globalización y el impacto tecnológico sobre la forma de producir bienes y servicios así como de transferir información y comunicarnos. A esta nueva era, se le ha denominado ‘Human Age’ , en la que el talento se erige como el principal factor diferencial por encima del capital.

También está surgiendo con fuerza lo que  se ha denominado la “economía colaborativa”. Ambas sitúan a la persona   (en su doble vertiente de productor / consumidor, “prosumer”) en el centro, como el principal activo para desarrollar cualquier actividad empresarial o de negocio que aporte valor añadido (el resto es automatizado o estandarizado).

Hoy ya contamos con numerosos ejemplos de cómo se está reconfigurando el mercado de trabajo, las nuevas profesiones que están emergiendo basadas en conocimiento  y la forma de  organizarse y realizar el trabajo bajo este nuevo paradigma, humano, colaborativo y tecnológico.

En este post me voy a centrar en dos experiencias personales con plataformas ya muy conocidas  cuyas “marcas” constituyen esencialmente eso; plataformas para unir de una manera rápida y  “segura” oferta y demanda generada por personas que  “a título personal” ofrecen servicios. Voy a hablar de mi experiencia con Bla bla Car y con Airbnb. Ambas empresas basan su modelo de negocio en la llamada “economía colaborativa” o tipo “Úber” (ya se empieza a hablar de la “uberización de la economía”).  Su función es unir oferta  y demanda entre particulares, en un modelo, donde la empresa gana dinero por la transacción pero cuya identidad se torna irrelevante en cuanto a la “prestación del servicio se refiere”. En ambos modelos, Bla ba Car y Airbnb, los protagonistas son, en todo momento, el que ofrece y el que demanda. Utilizas la plataforma para entrar en contacto con las personas, y a partir de ahí, toda la relación y todo el “servicio” depende de  dichas personas puestas en contacto. Es aquí donde la marca personal   y la experiencia de “marca” con dicho proveedor adquiere toda su relevancia. Si todo sale bien, tú culminarás el pago del servicio, informarás vía aplicación móvil de la experiencia del servicio que te ha ofrecido tu eventual “taxista” u “hospedante” en el caso de las empresas mencionadas, dicha puntuación servirá para que otros usuarios las vean y, en base a ellas, tomen la decisión de contactar con esa persona para un servicio similar o no lo haga.

En el caso de AIRBNB, también el que te  aloja en su casa te valora como huésped, algo que la plataforma tendrá en cuenta si como usuario quieres volver a hacer uso de sus servicios. Esto es sin duda su garantía de confianza y seguridad.

 

Es obvio que  en la medida que las nuevas tecnologías faciliten estos encuentros “uno a uno” entre el que ofrece y el que demanda, estas nuevas formas de “trabajar” o de generar ingresos para unos (empresa) y otros (prestatario del servicio) seguirán en auge. En estos modelos, es nuestra marca personal la que es sistemáticamente  evaluada, valorada y puntuada. Nos convertimos en los “protagonistas” absolutos de la experiencia del cliente y, a su vez, este encuentra un espacio virtual para expresar su opinión sobre nosotros. Nuestra reputación nunca antes había estado tan expuesta. Esto conlleva riesgos y,a la vez,  se convierte en una oportunidad si con nuestra propuesta de valor personal nos situamos en los primeros puestos de los ránkings de estas plataformas o empresas.

 

A estas alturas, ya no queda duda que sea cual sea nuestra actividad profesional, la exposición además de ser inevitable puede ser utilizada como una excelente oportunidad para  darnos a conocer y posicionarnos como profesionales valiosos. Para ello debemos seguir una estrategia y  conocer la forma en la que podemos aportar valor en cada medio.

Si además, consideramos estas nuevas formas de ser consumidores y, a la vez, productores de servicios “cara a cara”, cuya experiencia es luego evaluada y  publicada, es más que evidente que lo personal  es lo que “marca” la diferencia, positiva o negativa.

Por cierto, mis dos experiencias con Bla ba Car y AIRBNB han sido muy positivas. Gracias a Sergio y a Lucero por facilitarme una gran experiencia de marca. ¡Espero repetir con ambos!

Dejamos abierto el debate sobre la seguridad que este tipo de negocios tiene tanto para el que presta el servicio (seguridad laboral) como para el usuario (coberturas de riesgos).  Este tema da para otro post.

 

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